Autora : Doris Sánchez
Cada día empezamos una batalla que bien pudiera
ser el comienzo de algo o la continuidad
de temas inconclusos y yo me pregunto qué será mejor, si no tener nada en qué
pensar, cosas por resolver, objetivos por cumplir, o vagar por el mundo sin
rumbo fijo. Alguien me comentaba de un
inmigrante que conoció un lugar de
Galicia tan hermoso que decidió pasar allí el resto de su vida, alejado del
mundo, la sociedad y la civilización.
Los vecinos le suplían parte de
sus necesidades pero el hombre poco necesitaba para ser feliz, y lo era mientras vivió y creo que allí murió casi
en medio de la nada pero rodeado de una naturaleza casi virgen. Los espacios abiertos,
el verde del campo, el mar o el río, los bosques poblados de árboles que cada
día son más difíciles de conseguir, por los incendios naturales o provocados,
por la construcción que obliga al talado indiscriminado de árboles, o por los más o menos
metros que la normativa vigente en cada lugar permita la construcción cercana a las playas. Todos de alguna manera soñamos con tener esa
libertar que nos permita lanzar un alarido desgarrador cual fiera herida para acariciar la sensación de
libertad, pero casi todos la disfrutamos y luego nos invade el deseo de regresar a
nuestro entorno.
Nunca pretendamos cambiar al mundo pero sí aportar lo que podamos por hacerlo más llevadero y sobre todo, que nuestro entorno vea aliviada aquellas cosas que carecen compensadas por algunas nuevas y motivadoras sensaciones, cuando doy algo siempre pienso que me volverá multiplicado y si lo pienso un día podré verlo convertido en realidad.
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