Autora : Doris Sánchez
Ayer cuando regresaba de Padrón me he detenido a hacer unas fotos a una preciosa iglesia de antes ya me venía apeteciendo, cumplido mi objetivo ya de vuelta al coche escuché un canto muy conocido que en un instante me trasladó a mi amada tierra dominicana, era el cantar de un gallo tan propio de
las mañanas y que durante años formaron parte de mi vida mientras apuraba una taza de café o levantaba los niños para ir al colegio, los años han pasado y me ha tocado vivir una vida diferente en tierras lejanas, no me lo pensé dos veces y me adentré hacia una zona privada en busca de tan majestuoso galán y vaya sorpresa agradable que me he llevado, eran muchos gallos encerrados en distintas jaulas con mallas de metal, todos muy grandes, mucho más grande que los que hay en
Las ciudades crecen y es tanto lo que se extienden que cada vez se van acercando a las aldeas y transforman el entorno llegando a limitar la vida de gente que de muchos años ha estado en esos lugares. Así reza un dicho ¡De la calle vendrán que de tu casa te echarán!
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