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sábado, 16 de febrero de 2013

El precio de la libertad


Autora :  Doris Sánchez


Tengo un compañero de piso del cual hago referencia en varios artículos, mi vida  tiene un punto de alegría con su compañía  todas las horas que estoy en casa, porque no me puede acompañar a pasear que con agrado lo permitiría pero no es posible.  El periquito "Blue" (azul en ingles) llegó a mi casa sin ser invitado un día cualquiera de mi vida, aunque es un pequeño plumífero me hace saber en todo momento que está ahí apoyándome en todo con sus repetidos   pui, pui pui  (igual se cree que es un pollito)  Nos parecemos tanto que a veces me asusto, me estará robando mi personalidad a veces pienso,  si el día está de lluvia se recoge en una esquina de su jaula y mete la cabeza debajo de sus alas para guarecerse del frío, mientras yo me  cobijo  bajo la manta y me recuesto en el sofá a escuchar música o ver la televisión, si  hace buen tiempo o es un día soleado se pone todo alborotado y sus vuelos de un lado  hacia el otro de su pequeña jaula me parecen indicar que debo dejarle en libertad pero tampoco puedo, porque podría morir ya que está habituado a temperatura distinta y poco espacio para  que le impide volar.  Si pongo música se alegra y salta  cual buen dominicano a ritmo de merengue o bachata. 

Que no te lleven la contraria ni te reprochen es bueno, pero más bueno resulta que mandes a callar y se haga silencio sepulcral,  de momento tengo el mando y la situación está totalmente controlada, somos dos pero en casa mando yo, eso él lo entiende perfectamente.   Este día está muy soleado desde tempranas horas de la mañana (cosa rara por estas fechas en Galicia)  y como siempre que ocurre  lo saco a tomar el sol, se pone como loco  de contento y  hasta sociabiliza con otras aves que  aparecen por el lugar y  eso le cambia la vida, es el mejor compañero de piso del mundo, el día que me falta la verdad  ya me preocupa si lo podré superar porque le echaré de menos,  otro como él sin duda a mi casa jamás entrará  porque tampoco me apetecerá, todo el que tiene una mascota me entenderá y de seguro si ha perdido alguna, en este momento sin dudas con mucha ternura la recordará.  Las aves deberían estar en libertad como también otros animales que mantenemos en cautiverio, ha sido un regalo que no pude despreciar, si tuviera la seguridad de que sobreviviría a la libertad, hoy mismo lo dejará volar, como me sugiriera mi hermana, vete al parque más  cercano y déjale volar!!!

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