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domingo, 19 de diciembre de 2010

¡¡ Gracias a la vida que me ha dado tanto !!!



Autora  :   Doris Sánchez

Los seres humanos somos tan inconformes con la vida, nos quejamos de todo y por todo, cuando tenemos algo no lo valoramos porque estamos tan empeñados en conseguir más que ni nos enteramos de todo lo que nos rodea. Es normal que en nuestras mentes esté siempre el deseo de superación, de ser más profesionales y procurar una mejor vida para nosotros y nuestros familiares, pero la vida a diario nos coloca espejos en los cuales ni podemos mirarnos porque nos falta tiempo.


Nos falta tiempo para disfrutar de la familia, dar alegría a nuestras vidas de la manera que fuere, pero aportándonos momentos de felicidad. Hablo constantemente de mi vida, de lo que  he sufrido y de lo que he reído, de amores y desamores. La soledad me ha permitido conocerme a mí misma y valorar a toda mi familia especialmente, saber lo que quiero y pretendo para mi vida, especialmente para mi vejez, porque aunque ustedes no lo crean yo sí que estoy segura que llegaré a vieja, para ser una mujer radiante y coqueta como mi madre.

Cuando me entero que España es uno de los países de Europa con mayor índice de abandono escolar me causa mucha tristeza, pero más sufro cuando veo cada fin de semana a los jóvenes como chivos descarrilados y embriagados por las calles de la ciudad consumiendo bebidas alcohólica, tabaco, entre otras sustancias nada buenas para la salud.

Me apena también ver a personas ya no tan jóvenes deambular por las calles a toda hora del día, la noche y la madrugada de bar en bar, o simplemente frente a las máquinas traga perras, disfrutando de la vida sin apenas pensar en trabajar, viviendo del Estado y de los padres..., personas con juventud, salud que no tienen objetivos en sus vidas. No les preocupa nada, pero tampoco hacen nada por la sociedad, todo lo contrario, duermen la mona después de una larga noche, o se convierten en vándalos destruyendo todo el mobiliario que hay a su paso como diversión claro, después del calentón de alguna manera descargan adrenalina.
Quiero poner un ejemplo con nombre de mujer, se llama NARCISA, el 26 de octubre cumpliría 34 años, inmigrante, indigente, dos hijos a su cargo, sin piernas pero con tanta fuerza de voluntad que aún con dificultad y unas prótesis anticuadas se traslada cada día en autobús hasta el casco antiguo de Santiago de Compostela, busca un rinconcito y ahí se pasa todo el día ante las inclemencias del tiempo, no importa haga frio,  lluvia, calor, aguanta todo con tal de recoger unas monedas para satisfacer las necesidades de su familia

Cuando nos quejamos porque queremos un viaje, un carro nuevo, mudarnos a un residencial mejor que el que vivimos, cuando presumimos de cosas tan superfluas que para nada son imprescindibles en nuestras vidas, es muy buen momento para pensar en esta chica, en la miseria de Haití o de África, en los países en guerra y más. Cuando nos sentimos tan inconformes con la vida que nos ha tocado es bueno mirar atrás o a nuestro lado, porque de seguro habrá mucha gente con menos de lo que tenemos y que casualmente disfrutan de una calidad de vida y una paz interior superior a la nuestra. Mientras pedimos imposibles NARCISA solo desea cumplir años, que le regalen unas prótesis que le faciliten su caminar, pide ayuda a las autoridades de Santiago de Compostela para  que le  regule  su situación de inmigrante, y le den un techo para compartirlo con su familia.
Narcisa con todas sus dificultades intenta salir adelante, tiene una sonrisa en sus labios y para nada se queja de la vida que le ha tocado vivir. Podríamos nosotros estar satisfechos con nuestra vida sin envidiar la condición de vida de alguien a nuestro alrededor? Recuerdo cuando por fin pude comprar un apartamento para que mis hijos se sintieran orgullosos de tener casa propia, uno de mis hijos vino un día muy triste del colegio y me dijo, Mami porqué nosotros no tenemos carro (un coche)?? y le respondí porque tenemos casa!!! Eso me confirma que no disfrutamos de las cosas, no saboreamos ese preámbulo necesario para asumir realidades y modificaciones en nuestras vidas, y tampoco nos encargamos de hacer saber a nuestros hijos que las cosas no son regaladas, que todo conlleva un gasto y un esfuerzo, claro si se está trabajando honestamente y por lo legal.


A veces perdemos la calidad humana, nos olvidamos de los más desprotegidos y cuando hacemos una obra de caridad nuestro corazón se alegra, ejemplo tengo en mi hermana Kenny que tiene su propia política de vida, lo que llamaríamos su religión personal, hace donaciones y vive pidiendo para ayudar a personas necesitadas, eso es digno de elogio pero lo más importante es que lo que hace no tiene porqué traspasar el silencio, solo ella y quienes hacen aportaciones conocen el secreto y eso la hace muy feliz.
Hay  muchas Narcisa  por todo el mundo, gente que muere de hambre, mal viviendo en chabolas, ranchitos cayéndose, mayores y niños abandonados como perros callejeros a la intemperie, que andan con sus pertenencias encima porque no tiene adonde ir, ni las inclemencias del tiempo les respetan. Con la crisis mundial ciudadanos decentes están siendo desalojados de sus casas y convirtiéndose en indigentes. Familias enteras viviendo de la caridad, comiendo en comedores públicos, falta de trabajo pero lo peor falta de comprensión y de piedad.
No tenemos que ir muy lejos,  ahí pegadito tenemos a Haití que lo le ha bastado con la tragedia del Huracán que les ha azotado hará menos de un año, ahora su salud peligra, mucha gente muriendo y una pregunta, donde está el dinero recaudado en todo el mundo para reconstruir Haití? porqué siguen en las calles protegidos solamente por unos viejos toldos de plástico?? Y la reconstrucción?? Se estará acabando el mundo o el ser humano habrá perdido la sensibilidad?

Doy gracias  por haberme dado tanto o más de lo que necesito, por hacerme entender que no estoy tan mal, que al menos tengo dos piernas para caminar y muchas ganas de luchar para salir adelante en la vida, hay que ser agradecido y  velar por los que están en mayor necesidad que nosotros, que la piedad y la compasión no abandonen jamás nuestro corazón, que en cada indigente veamos a un miembro de nuestras familias y que aprendamos a ponernos en su piel, son personas con una historia y tal vez con una familia que cada día espera su regreso igual lo hiciera hace muchos siglos el hijo pródigo.

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