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jueves, 6 de enero de 2011

El recuerdo de la tierra amada










Autora :  Doris Sánchez




Cuando se es inmigrante en cuerpo con la mente puesta al otro lado del mundo se vive en un constante soñar e imaginar cómo sería tu retorno a la tierra amada, a la gente que ha sido parte de tu vida, de la família, el sólo saber que ya te falta poco para coger ese avión te embarga de una intensa emoción y el corazón cada día late más fuerte.




España está repleta de inmigrantes de personas que abandonaron su país un día en busca de mejor vida para él y los soyos, o detrás de un amor que le robó el corazón y que tal vez no mereció la pena, qué mas dá. Con mejor o peor suerte, pero en europa y ganando el dinerito en euros para ayudar a nuestras famílias.



La felicidad no es completa, no se puede tener todo a la vez, no hay perfección, son muchas caras nostálgicas con ojeras marcadas de tanto llorar por las noches, muchas ganas de tirar la toalla y retornar con las manos vacías, es mucho preguntarse si lo estoy haciendo bien, si vale la pena, perderte el crecimiento de los hijos, su primera comunión, la muda de los dientes, el buscar las notas al cole, el arroparles y darle las buenas noches, o no poder estar en el cepelio de algún familiar querido, es muy duro.




Cada inmigrante tiene una historia, Cada uno venido de distintos países, con una historia propia de una novela, que a pocos interesa escuchar pero que la guardamos en nuestro corazón como si fuera nuestro tesoro más preciado, esas llamaditas desde el locutorio, ese constante contacto a través de un ciber con cámara incluída para ver a nuestros hijos, nuestras madres o esposas, esos que en la distancia te animan a luchar, a seguir adelante a lograr tu sueño que también es su sueño.



Esas compras despacito de cada ropita, de cada detalle, pensar en cada miembro de la família, el deseo de más dinero para poder comprar más cositas para alegrar a todos, esa queja por los pocos kilos cada más reducidos por la aerolíneas.




Es casi imposible dejar atrás esos recuerdos de infancia, esos amores, esas responsabilidades familiares, empezar de cero no se puede, ver esas fotos cada noche tampoco. Todos los inmigrantes hemos tenido más tristezas que alegrías, pero tenemos un norte, una mente clara, un objetivo y cuando tenemos ese billete de avión comprado con mucho trabajo en veces a plazo, pero seguros de que cada día está más cerca nuestro viaje, aún sea por unos días dá igual, ese abrazo de masas no tiene precio, es un recargar energías para volver a luchar, a pasar de todo, a obtener en legalidad lo que vinimos a buscar, todo es posible y si se quiere se consigue hacer realidad nuestros sueños. Los gallegos tienen su historia como emigrantes, una vez abandonaron galicia también en busca de mejor vida.

http://www.lavozdegalicia.es/cartasdirector/2010/09/30/manana/#comentario

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