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sábado, 15 de septiembre de 2012

Morir de un pique como la guinea




Autora :  Doris Sánchez

Foto de Salvador Dalí:  "Muchacha en la ventana"
 
 
El día más difícil de mi vida es cuando debo limpiar las ventanas, en especial el ventanal lateral izquierdo de mi salón, ese  día no dejo de preguntarme ¿En qué habrá estado pensando el Arquitecto que lo diseñó, si será hombre o mujer, si hará labores domésticas en su casa y sobre todo si limpiará sus cristales?  Sinceramente es misión imposible, lo dejo para último porque me agota de tal manera que solo me queda darme una ducha y dormir un rato en la cama o el sofá.  Los tiempos que corren no nos permiten contratar un limpiador profesional y no queda más que echar mano al ingenio para  sobrevivir al intento.  Un amigo me prometió hará meses que vendría a enseñarme cómo hacerlo y hasta ahora lo estoy esperando, otro que tiró la toalla y lo comprendo, es muy distinto a que te inviten a tomar un café!!!

Limpiar ventanas es un buen ejercicio para esa parte de los brazos que la carne tiende a descolgar con los años, el sube y baja nos permite trabajar la cintura y hasta la espalda pero el enfado no me lo despinta nadie.  Tenemos dos alternativas una, pasar de todo y vivir entre la suciedad y otra, ponerle la mejor voluntad, una musiquita, tal vez una limonada ahora para el calor pero sigo pensando que las mujeres Arquitectas piensan más en la funcionalidad, aparte del aspecto físico de  en las edificaciones.

Envidio a mis vecinas que limpian sus ventanas sin apenas despeinarse, cuando yo quedo hecha una piltrafa humana, sudorosa y mal humorada, sin ganas de  hacer nada más en lo que reste del día, sus cristales quedan tan relucientes que nadas he sentido muchas veces de ir a preguntarle, cómo lo consigues? No alcanzo a ver si es con paños blanco o papel de cocina, no tengo ni idea pero consiguen excelentes resultados.
 
Los cristales se ensucian mucho por la lluvia o  el polvo que lleva el viento en verano,  pero también por la porquería que tiran desde los pisos superiores, cenizas de cigarrillos o colillas y hasta chicle,  papeles de caramelos entre otros, casi mejor no preguntar porque nunca aparecerá el culpable, en el Caribe pegamos la manguera y se  vaya todo, aquí es distinto y no  nos queda  otra  que limpiarlo y ya está.  Mejor suerte tienen los que viven en los últimos pisos que nadie le tira nada  excepto las aves, y gozan de las mejores vistas de  su entorno.
Muchas personas han sufrido caídas al limpiar las ventanas,  unas han fallecido y otras han vivido para contarlo, dependiendo de la altura  y hasta de la buena suerte, todo puede cambiar en un segundo.  Os dejo porque debo seguir limpiando mis ventanas acristaladas, la más grande la dejaré para el lunes, así no me estropea el fin de semana.
Yo no pienso morir de un pique como la guinea tampoco andaré buscando responsables de toda la porquería  que  desde las alturas cae en  los marcos de las ventanas de mi piso,  casi prefiero dar un voto de conciencia  a espera de que despierte el reconocimiento de que  "más abajo vive gente y el no hacer lo que no te gustará que te hagan a ti" Ponernos en el lugar del otro deja buenos resultados.

 

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