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lunes, 5 de noviembre de 2012

Profundo temor



Autora   :   Doris Sánchez

Es normal que ante lo desconocido  casi todos sintamos miedo, cuando conocemos a alguna persona, lugares nuevos, viajes en avión, coche o  barco, a muchos como yo  nos causa profundo terror  las carreteras y autopistas gallegas (consideras entre las que más puntos negros tienen en España), nos dejamos llevar por las noticias que cada día pasan balance de accidentes muchas veces mortales, nos causa mucho miedo acudir a una entrevista de trabajo o a un examen,  hablar en público,  si tenemos un bebé recién nacido tenemos miedo a dejarle caer por lo pequeño  que son luego de  nacer, nos causa miedo el presente pero también el futuro,  hasta en el trabajo solemos escuchar el golpe de la caída del bebé que dejamos en casa o en la guardería a buen cuidado,  o escuchamos el chirrido de las llantas de un coche que solo en nuestra imaginación se ha empotrado contra una farola.  el qué pasará mañana, si tendremos hijos, o quién me cuidará cuando yo sea mayor, nos causa miedo casi todo y nos dejamos arrastras por una nube gris que nos hace dudar si estaremos en el lugar adecuado, cuando acudimos a un evento social donde habrá gente muy  estirada y al último grito de la moda, miramos esa vestimenta durante varios días hasta con cierta rabia de solo pensar que alguna le pondrá pegas  y  peor si llegaran a comentar.  Tenemos miedo a reír alegremente cuando lo estamos pasando tan bien en muy buena compañía, a si la mujer debe dar el primer paso, sin causar mala impresión  ante el varón que la conquista,  estamos llenos de miedo por todos lados. El corazón late muy a prisa, la comida  se nos ha pasado de cocción, el café   se ha pasado  de hervor y habrá que tirarlo, jadeamos hasta sentir   la garganta seca, se nos olvida tomar agua pero claro, si parecemos  corredores en  una maratón a las puertas de  la final, así no podemos seguir, las horas del día se nos pasan agonizando, ni un minuto para el respiro, ni retoque de maquillaje ni nada,  con los pelos de puntas a correr al colegio a buscar a los niños pero antes hay que dejar la comida preparada, todo tranquilo por fin a descansar pero no, hay que acudir a la reunión mensual de la Comunidad de Vecinos, caray  es un no parar,  ya, está bueno de tanto temor, de tanta perfección, de tanto querer abrazar al mundo entero para darle calor, cuando en primera persona estás muerta de frío.  Qué día es hoy, ha, pensaba que era lunes, pero si es domingo,  que no me felicitas, por qué, acaso  es tu santo, ¡¡no tonto, es nuestro Aniversario de Bodas!!, a llorar y lamentar,  como cada año la indignación, ni un cariño te quiero, me haces muy feliz,  hay ese temor a que un día nos dejen de lado por otra (o) de  pelo rubio, moreno, trigueño, temor y más temor, y  lo que más me preocupa es que  los corazones de ahora vienen con desperfectos de fábrica (los de control de calidad tienen ya demasiado trabajo revisando los juguetes para los niños)   ahí te fastidias,  ya es hora de que todos aprendamos a coger y dejar, a consumir exactamente las 24 horas que tiene el día, ni más ni menos, somos como los coches si no hay combustible no se mueven, pues evita que se te agote antes del anochecer, debes aprender a racionalizarlo.  Eso de cogerle prestado el tiempo al siguiente día bien sabes que no se puede, te agotas y caes en la cama rendida, y  si tienes pareja pobrecito  como si durmiera en solitario, por eso muchos se van al bar a tomar cañas y vinos, así no puedes seguir.  A ver cuando dejas el trabajo en  la oficina junto con  las llamadas y mensajes del móvil, hay que  respetar  el espacio sagrado  del hogar, prestar atención a hijos y esposos o parejas, al gato, al perro y demás, incluyendo las horas de comida, ¿no te fastidie que alteren el momento?  pues a mí sí que me fastidia,  y cuando  lo hace la misma  persona todavía es peor, te crispan  los nervios y quisieras salir  volando por la ventana o absorbida por los cables de la lámpara que está colocada justo sobre tu cabeza,  ¿le vas a dar el gusto?  pues claro que no,  aunque comprendo que trabajaste con amor para preparar  esa comida que se enfría y luego dejan en la mesa a veces sin llegar a probar, un día no se puede echar a perder así  porque sí, que se fastidie el otro mientras,  intenta seguir  tan fresca como una lechuga,  hay que arriesgar y si un día sale malo el otro podrá salir mucho mejor, es como los negocios, los inversionistas ya están acostumbrados a las subida y bajadas de las bolsa, unas van de cal y otras van de arena.

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