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lunes, 21 de marzo de 2011

El dolor te fortalece

www.elcorreogallego.es
23/02/2009

Opinión Cartas al Director

Autora : Doris Sánchez Matos . Santiago


No hay dolor que no se resista, y cuando no se puede más, o desmayas o mueres. Nos duele la pérdida de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad incurable, separarnos de algún modo de nuestras vidas, de la familia y de nuestro entorno, nos duele no aprobar las oposiciones, que nos atropelle un coche, no estudiar la carrera que soñamos, nos duele que nuestros hijos vayan por mal camino. Vivir solos como novedad en nuestras vidas, nos duele que nos defrauden, el no tener trabajo, ver esa chaqueta que no podremos comprar.

Son tantas cosas que nos duelen que si pasamos revista y miramos atrás, alguna lágrima de seguro brillará en nuestros rostros, pero ¿somos conscientes de que el dolor nos fortalece?, ¿de que el tanto sufrir nos reviste de una coraza más dura que el caparazón de una tortuga? Nos vamos liberando de ataduras, nos inmunizamos y llega el momento que aceptamos las cosas con crudeza y realidad, sin perder la sensibilidad, pero nos preparamos como el que vá a la guerra. Has visto a los militares como aparecen en la televisión sonrientes besando a sus familiares en despedida, y nos preguntamos, ¿así de sonrientes se despiden sabiendo que igual no regresarán? y los que viajan a la Luna, tampoco saben si volverán, y sonríen al despedirse.

Mi madre dice "el que quiere azul celeste, que le cueste", es un dicho muy Dominicano y tiene su lógica, lo que se consigue fácil no se valora, o se valora poco, cada tropezón te hace cambiar la uña del pie, se pone toda negra pero al final, ¡oh sorpresa!, te sale una hermosa uña nueva que te llena de alegría, y te permite volver a usar el calzado. Esa es la vida, son tantos ejemplos que tenemos delante, lo triste es que casi nunca lo vemos, o hacemos que no lo vemos.

No son necesarias las espinacas de Popeye para ser fuerte, basta con mirar hasta nuestros adentros. Perdemos cosas valiosas, pero también recibimos otras tantas que suavizan esas dolorosas pérdidas, ya sean humanas o materiales. Energías renovadas, libertad y tranquilidad asegurada.

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