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martes, 15 de noviembre de 2011

La envidia mata pero no engorda






Autora   :   Doris Sánchez


La vida es tan hermosa que si la vivimos conforme a nuestras posibilidades igual nos aporta momentos de infinito placer.  Nos pasamos la vida mirando hacia los lados y hasta deseando tener  los que están  en nuestro entorno y eso produce mucha insatisfacción.
Disfrutar en primer lugar la vida, la familia, nuestras habilidades o condiciones de vida y hasta ser conforme con lo que no tenemos es un gesto compensable, nos aporta tranquilidad y podemos dormir sin tomar ansiolíticos   o relajantes.

Porqué ocurre esto??? Sencillamente porque consideramos que los demás no merecen nada,quetodo debe ser para nosotros y ante la no obtención reaccionamos de distintas maneras, según el enfado o grado de envidia.

No es necesario ir detrás de las cosas, basta con un poco de esfuerzo por mejorar  y la respuesta llega cuando ni lo esperamos.  Cada cual recibe la dosis que merece y si no estamos conformes igual es porque no lo estamos haciendo bien, hay que revisar y corregir los fallos sin echar la culpa a los demás.  Rara vez asumimos la responsabilidad en primera persona y eso es aún más perjudicial porque anida dentro de nuestro ser rechazo hacia personas que nada tienen que ver con nuestra inconformidad o situación fruto de malas actuaciones y hasta falta de acción, porque la inacción también perjudica.
Unos tienen unas cosas y otros otras cosas, nadie lo tiene todo y si no me lo creen miren a su alrededor, puedes ver a alguien que aparentemente la vida le ha sido muy bondadosa pero te enteras de algo que te sorprende, o de que ha perdido a un ser muy querido, o padece una enfermedad terminal.  No por tener dinero se tiene felicidad, no por tener un buen trabajo o la pareja más envidiable del mundo se es feliz, qué es la felicidad, pues a mi entender es estar conforme consigo mismo.
Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua,  Felicidad es  el estado placentero del ánimo.   Goce completo. Satisfacción. Suerte, feliz.  Lo que indica que  a veces renunciamos a esa felicidad por  derivar nuestros pensamientos u objetivos hacia el lado contrario, olvidamos ese disfrute pleno para concentrar todo nuestro interés en cosas a veces superfluas o sin importancia.  Descuidamos ese yo interior que nos pide a gritos  ¡¡¡ dame vida y alegría!!!
El hijo adolescente llegó triste a casa al salir del colegio, le dijo a su madre que el padre de un compañero de curso  había comprado un enorme coche, estaba triste porque su pobre madre soltera y con más responsabilidades económicas  de las que  su salario podía afrontar, igual jamás le podía dar esa felicidad.  La madre  lo pensó un momento y valientemente le respondió “Igual  el padre de tu amigo ha comprado un enorme coche pero puede que no tengan una casa propia como la tienes tú”, dado que ella recién había adquirido una hipoteca para dar a sus hijos al menos un hogar propio.  Pasó poco tiempo antes que el mismo hijo nuevamente viniera a su madre a comentarle que su amigo, el mismo del coche grande, se iría a vivir con toda la familia a  un lugar muy lejano y al otro extremo de la ciudad.   La madre más que sonriente le comentó ves y tú tienes tu casa propia de la que nunca te tendrás que mudar.  Ellos marchan porque no tienen casa propia y no caben todos en el coche.

 La envidia no tiene un perfil determinado, lo  mismo la puede sentir un niño como un adulto de avanzada edad,  los animales o las aves, a veces actuamos sin apenas enterarnos pero  al menor asomo de la misma hay que tomar medidas correctivas, arrancar esa hierba mala que de crecer dañará el resto del cultivo, separar esa manzana podrida del lado de las demás para que no las eche a perder.  Intentar mejorar como personas  no está mal y todos cometemos errores, lo importante es aceptarlo  demostrando la intención de cambiar las cosas.

El Padre Gregorio Mateo escribía libros  en los que contaba sus experiencias de orientación a familias con problemas.  Cada historia tenía una enseñanza, una anotación que nos quedaba como anillo al dedo.  Era la muestra palpable del porqué la gente no era más feliz, no era por infelicidad, era porque no sabían valorar todo lo positivo que tenían en su entorno, especialmente a la familia, a estar juntos y disfrutar unos tiempos que igual no se volverán a repetir, por causa del destino o de distanciamiento familiar.  

Se puede ser más o menos feliz pero lo único verdadero es que la envidia roba alegrías y deja amargo sabor de boca y debilidad en el corazón.  Disfrutar lo bueno de los demás nos deja abierta la posibilidad de que lo bueno  de esa persona igual nos alcanza, que en lugar de sufrir por ello nos hagamos partícipe de su alegría.  Dejad vivir a los demás y esforzaos por mejorar vuestras propias vidas.
Disfruta  el  helado que  te ha tocado, porque se  derrite mientras miras el de la persona de al lado.



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