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sábado, 8 de octubre de 2011

Preferencias personales






Autora    Doris   Sánchez




Porqué la tentación de caer en relación con alguien que ya está casado???   eso de que para cada hombre toca tantas mujeres es un dicho y nada más, cada persona debe hacer su propia valoración y sacar conclusiones favorecedoras.  Realmente merece la pena aceptar vivir en duplicidad y sobre todo ser la segunda persona, sinceramente creo que no.



Depende de las creencias religiosas la necesidad económica, los sentimientos y hasta de las circunstancias.  No soy nadie para juzgar acciones de otros pero considero que caer en esos extremos manifiesta  una baja valoración personal, lo que somos merecedores de recibir.








Algún amigo dijo si venden por piezas para qué comprar la vaca entera.  Una mala expresión si la aplicamos a personas.  Cada uno sabe lo que merece, quiere y hasta lo que le conviene.   La prioridad no es estar emparejados más bien es  entender si estamos preparados para estar entre penumbras cuando saliendo a la luz sienta tan bien.  Ser la otra persona no es de agrado y estar privados de libertad cual si estuviéramos cumpliendo sentencia entre rejas no es plato de buen gusto para nadie, aún te deje grandes beneficios económicos, sentimentalmente te hundes en un abismo y no encuentras la puerta de salida.


Ser esposa , la pareja o la compañera oficial satisface plenamente aún no se obtenga más que ese reconocimiento que bastará para mantener una elevada autoestima o dosis de satisfacción.  



Recuerdo aquel anillo de bodas tan insignificante que mis amigas se burlaron de él  una tarde que por casualidad quedaron visibles todos los anillos de  bodas de las presentes, por ser casi nada cuando para mí lo era todo.  Era el símbolo representativo  de la oficialidad de una relación, mi anillo de bodas que aún conservo con tanto  cuidado de que no se me pierda por ser tan finito pero es igual, representa lo que fue un tiempo pasado  que en sus inicios  aún había amor y felicidad.   Cuando se está enamorado esos pequeños detalles carecen de importancia,  aunque luego de divorciados  analicemos  los hechos.


Con la gran proliferación de negocios que compran oro a buen precio ni se me ocurre acudir a venderlo porque no me darían nada, su peso  y contextura es tan insignificante que volvería a casa sin el anillo y sin dinero, pero para mí es algo mucho más importante, prefiero conservarlo entre mis objetos  de valor sentimental  y ya está.





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